¿Cuánto ejercicio necesitas para mantenerte fuerte y saludable después de los 40?

Descubre cuánto ejercicio necesitas después de los 40 para cuidar fuerza, movilidad y salud, sin convertir el entrenamiento en otra obligación.


¿Cuánto ejercicio necesitas para mantenerte fuerte y saludable después de los 40?

No necesitas entrenar más. Necesitas encontrar una forma de moverte que puedas sostener.

Cuando hablamos de ejercicio después de los 40, es fácil caer en una pregunta que parece sencilla:

¿Cuánto ejercicio necesito hacer?

La respuesta suele venir acompañada de números, rutinas, aplicaciones, relojes que cuentan pasos y objetivos cada vez más altos.

Pero quizá la pregunta más importante sea otra:

¿Qué cantidad de movimiento puede formar parte de mi vida de una manera constante?

Porque cuidar la fuerza, la movilidad y la salud no depende únicamente de hacer mucho ejercicio durante unas semanas.

Depende, sobre todo, de construir una relación con el movimiento que podamos mantener durante años.


Después de los 40, el objetivo puede cambiar

Durante mucho tiempo asociamos el ejercicio con transformar el cuerpo.

Bajar de peso.
Ganar músculo.
Correr más rápido.
Levantar más peso.

Todos esos objetivos pueden ser válidos.

Pero con el paso del tiempo aparece una dimensión diferente.

Queremos que nuestro cuerpo siga respondiendo.

Poder caminar con comodidad, levantarnos del suelo, subir escaleras, cargar nuestras cosas, jugar, viajar, girar, agacharnos o recuperarnos después de un esfuerzo…

En otras palabras, queremos conservar posibilidades.

Por eso, después de los 40, el entrenamiento puede empezar a tener una relación mucho más directa con la vida cotidiana.

No se trata solamente de cómo queremos vernos.

También importa cómo queremos vivir.


Entonces, ¿cuánto ejercicio necesitamos?

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para adultos de 18 a 64 años establecen como referencia entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 minutos de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente.

Además, se recomienda realizar actividades de fortalecimiento muscular que involucren los principales grupos musculares al menos dos días por semana.

En personas de 65 años o más se mantienen esas referencias y se añade un énfasis especial en actividades que trabajen el equilibrio y la fuerza funcional, especialmente cuando existe una movilidad reducida.

Estos números son una referencia de salud pública.

No son una medida de cuánto vale tu esfuerzo.

Tampoco significan que todo tenga que suceder dentro de un gimnasio o en sesiones perfectamente estructuradas.

Caminar, desplazarte en bicicleta, realizar determinadas tareas físicas, practicar un deporte o entrenar de manera planificada también forman parte de la actividad física.

Y hay algo especialmente importante:

hacer algo de actividad física es mejor que no hacer ninguna.


La fuerza necesita un lugar propio

Caminar es fundamental.

Moverte durante el día también.

Pero si queremos conservar la fuerza, necesitamos ofrecerle al cuerpo un estímulo específico.

El entrenamiento de fuerza no tiene por qué significar levantar enormes cantidades de peso ni entrenar hasta quedar exhaustos.

Puede utilizar el peso corporal, bandas elásticas, mancuernas, máquinas u otros recursos.

Lo importante es que exista un desafío adecuado para tu nivel y que, con el tiempo, el cuerpo tenga razones para adaptarse.

La evidencia más reciente del American College of Sports Medicine (ACSM), publicada en 2026, revisó 137 revisiones sistemáticas con más de 30,000 participantes y encontró que el entrenamiento de fuerza mejora, entre otras capacidades, la fuerza muscular, la potencia, la velocidad de marcha, el equilibrio y distintos indicadores de función física.

Esto ayuda a entender algo que hemos repetido a lo largo de este clúster:

la fuerza no es solamente una cualidad deportiva.

También es una reserva para la vida cotidiana.


¿Y la movilidad?

Aquí aparece una diferencia importante.

La movilidad no necesita convertirse necesariamente en una sesión larga de estiramientos. Se construye a través del movimiento, la variedad y la exploración de diferentes posiciones, direcciones y rangos de movimiento.

Una semana puede incluir entrenamiento de fuerza y también momentos dedicados a la movilidad, el control corporal, el equilibrio, la respiración o prácticas que ayuden a recuperar amplitud y conciencia.

No tienen que existir como compartimentos independientes. Un buen entrenamiento puede trabajar varias de estas capacidades al mismo tiempo.

Al fin y al cabo, así funciona nuestro cuerpo cuando nos movemos en la vida real.

No necesitas entrenar todos los días

Esta idea merece detenernos un momento.

Existe una sensación bastante extendida de que, para obtener resultados, necesitamos entrenar prácticamente todos los días.

Pero cuidar el cuerpo no significa llenar todos los espacios disponibles de nuestra agenda con ejercicio.

La constancia no es hacer mucho.

Es encontrar una frecuencia que puedas sostener.

Para algunas personas serán tres sesiones estructuradas por semana.

Para otras, dos sesiones de fuerza combinadas con caminatas frecuentes y otras actividades.

También habrá etapas en las que tengamos más tiempo y energía, y otras en las que necesitemos reducir la carga.

El entrenamiento puede adaptarse a la vida.

Y no al revés.


Una semana puede ser mucho más sencilla de lo que imaginas

Imagina una semana en la que encuentras algunos espacios para caminar con cierto ritmo, dos momentos dedicados al fortalecimiento y oportunidades para moverte de diferentes maneras.

No necesitas que todos los días se parezcan.

Una sesión puede centrarse más en fuerza.

Otra puede integrar movilidad, equilibrio y control.

Una caminata puede aportar actividad aeróbica y, al mismo tiempo, convertirse en un momento para despejar la mente.

Incluso pequeñas dosis de movimiento distribuidas a lo largo del día pueden formar parte de una vida más activa.

El objetivo no es construir la semana perfecta.

Es construir una semana que puedas repetir.


Menos tiempo también puede contar

Uno de los grandes obstáculos para mantenernos activos es pensar que, si no tenemos una hora disponible, no vale la pena empezar.

Pero el movimiento no funciona necesariamente de esa manera.

Una sesión breve puede ser útil.

Caminar durante algunos minutos también cuenta.

Subir escaleras forma parte de tu actividad.

Levantarte con frecuencia cuando has pasado mucho tiempo sentado también modifica tu día.

La OMS señala que toda actividad física cuenta y que reducir el comportamiento sedentario también forma parte de una vida más activa.

A veces no necesitamos encontrar una hora libre.

Necesitamos dejar de pensar que solamente una hora completa merece llamarse ejercicio.


El mejor entrenamiento no es el que más cansa

Después de los 40 puede ser tentador medir la calidad de un entrenamiento por la cantidad de esfuerzo que nos dejó.

Si terminamos completamente agotados, sentimos que hicimos algo importante.

Pero cansancio y eficacia no son exactamente lo mismo.

Un entrenamiento puede ser exigente sin dejarte destruido.

Puede ayudarte a desarrollar fuerza, mejorar el control, explorar movilidad o trabajar tu resistencia sin convertir cada sesión en una prueba.

La recomendación actual del ACSM también refuerza una idea interesante: distintos aspectos de la prescripción del entrenamiento pueden adaptarse según el objetivo, y no existe una única fórmula que sea necesaria para producir beneficios.

Entrenar mejor no siempre significa entrenar más duro.


Escuchar al cuerpo también forma parte del entrenamiento

Hay días en los que tenemos energía.

Otros en los que dormimos mal, estamos cansados o atravesamos una etapa de mucho trabajo.

También existen periodos marcados por lesiones, enfermedades u otras circunstancias que requieren ajustar nuestra actividad.

Escuchar el cuerpo no significa utilizar cualquier sensación como excusa para no movernos.

Significa aprender a distinguir entre el esfuerzo que nos ayuda a adaptarnos y el que supera nuestra capacidad actual.

Esa diferencia necesita experiencia.

Y también atención.

El entrenamiento puede enseñarnos precisamente eso.


¿Qué debería tener entonces una rutina después de los 40?

Más que perseguir una rutina perfecta, puede ser útil pensar en un cuerpo que necesita diferentes estímulos.

Moverte durante el día es parte de esa base.

También conviene trabajar la capacidad cardiovascular, desarrollar fuerza y cuidar la movilidad.

El equilibrio y la coordinación adquieren importancia a medida que cambian nuestras necesidades.

Y, por supuesto, el cuerpo también necesita recuperación.

Las recomendaciones de la OMS y la evidencia reciente sobre entrenamiento de fuerza apuntan justamente hacia una visión amplia de la actividad física, en lugar de reducirla a una única modalidad.

La combinación concreta dependerá de tu edad, experiencia, condición física, objetivos y contexto.

Por eso, una buena pregunta no es:

“¿Cuál es el entrenamiento perfecto después de los 40?”

Quizá sea:

“¿Qué necesita mi cuerpo en esta etapa de mi vida?”


Entrenar para conservar, no solamente para conseguir

Existe una diferencia enorme entre entrenar buscando algo que todavía no tenemos y hacerlo para conservar aquello que valoramos.

La fuerza nos permite mantener la capacidad de levantar y sostener.

La movilidad ayuda a conservar la libertad de movernos.

Un buen equilibrio aporta confianza para responder ante lo que sucede.

Y la resistencia nos permite participar durante más tiempo en nuestra propia vida.

Esta manera de mirar el ejercicio puede cambiar la relación que tenemos con él.

Ya no entrenamos únicamente para alcanzar una meta.

También entrenamos para proteger posibilidades.


Tu cuerpo no necesita una nueva exigencia

Quizá después de leer todo esto estés pensando:

“Entonces necesito hacer más.”

No necesariamente. Y justamente ahí conviene detenernos.

Quizá necesites organizar mejor lo que ya haces.

Caminar más.

Pasar menos tiempo sentado.

Recuperar una práctica que habías abandonado.

Incorporar fuerza un par de veces por semana.

Prestar atención a movimientos que has empezado a evitar.

Encontrar una actividad que realmente disfrutes.

La diferencia no siempre está en añadir.

A veces está en hacer espacio para aquello que realmente importa.


Una pausa para ti

Hoy puedes hacerte tres preguntas sencillas:

¿Cómo me estoy moviendo actualmente?

¿Qué capacidad física quiero conservar?

¿Qué pequeño cambio podría incorporar a mi semana para empezar a cuidarla?

No necesitas resolverlo todo hoy.

Una caminata.

O una sesión de fuerza.

Diez minutos de movilidad.

Tal vez volver a subir las escaleras.

Levantarte del sofá sin utilizar las manos.

Cualquier comienzo puede convertirse en una conversación nueva con tu cuerpo.


Después de los 40, la constancia puede ser una forma de libertad

Cuidar tu cuerpo no significa tener que vivir pendiente de él.

Significa construir una base que te permita olvidarte un poco más de sus limitaciones y concentrarte en la vida que quieres vivir.

Con fuerza, puedes cargar y sostener.

La movilidad te permite explorar diferentes movimientos y entornos.

Un buen equilibrio aporta mayor confianza para desplazarte.

La resistencia ayuda a mantener tu participación en aquello que disfrutas durante más tiempo.

Cuando estas capacidades trabajan juntas, el cuerpo puede convertirse nuevamente en algo que nos acompaña, en lugar de algo que sentimos que tenemos que controlar.


En SER Movimiento, entrenamos para la vida

En SER Movimiento no entendemos el entrenamiento como una obligación más dentro de la agenda.

Lo entendemos como una oportunidad para escuchar, fortalecer y conocer mejor nuestro cuerpo.

Por eso no buscamos que entrenes más por el simple hecho de entrenar.

Buscamos que encuentres una forma de movimiento que puedas integrar en tu vida y que tenga sentido para ti.

Fuerza.

Movilidad.

Respiración.

Coordinación.

Conciencia.

Presencia.

Todo puede formar parte de una misma conversación.

Porque el objetivo final no es completar una cantidad determinada de entrenamientos.

Es conservar la posibilidad de seguir haciendo aquello que disfrutas.


Moverte hoy también es cuidar tu futuro

No necesitas esperar a sentir que estás perdiendo fuerza.

Tampoco hace falta esperar a que la movilidad se reduzca o a cumplir una determinada edad.

Puedes empezar con lo que tu cuerpo puede hacer hoy.

A partir de ahí, construir poco a poco.

Tal vez sea una sesión de entrenamiento, un paseo, unos minutos de respiración o simplemente recuperar un movimiento que habías dejado de hacer.

Lo importante no es encontrar el comienzo perfecto.

Es darle al movimiento un lugar dentro de tu vida.

Porque la longevidad activa no se construye de golpe.

Se construye en la manera en que decidimos acompañar a nuestro cuerpo a lo largo del tiempo.

No se trata de hacer más ejercicio.

Se trata de seguir teniendo posibilidades.

Conecta con tu cuerpo

Si llegaste hasta aquí, puedes continuar explorando otros artículos del Blog:

Y si quieres llevar estas ideas a la práctica, puedes explorar los entrenamientos de SER Movimiento On Demand, donde el movimiento puede adaptarse a tu tiempo, tu espacio y tu momento actual.


Nos seguimos moviendo…
Juntas, juntos, con presencia.

Tzitzi y Sául


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