Movilidad después de los 40: cómo mantener un cuerpo que se mueve con libertad

Descubre por qué cuidar la movilidad después de los 40 puede ayudarte a conservar libertad, autonomía y capacidad para seguir haciendo lo que disfrutas.


No se trata de ser más flexible. Se trata de conservar la libertad de moverte.

Hay movimientos que hacemos todos los días sin pensar demasiado en ellos.

Girar para mirar hacia atrás.

Agacharnos para recoger algo.

Levantar los brazos.

Subir escaleras.

Caminar durante un rato.

Sentarnos.

Levantarnos.

Entrar y salir del automóvil.

Hasta que alguno de esos movimientos comienza a sentirse diferente.

Quizá aparece cierta rigidez.

Tal vez necesitamos movernos un poco antes de sentirnos cómodos.

O descubrimos que ya no tenemos la misma facilidad para hacer algo que antes parecía completamente natural.

Y entonces aparece una pregunta:

¿Estamos perdiendo movilidad o simplemente estamos utilizando menos nuestro cuerpo?

La respuesta no siempre es sencilla.

Pero sí sabemos algo importante:

La movilidad es una capacidad que vale la pena cuidar durante toda la vida.


¿Qué es realmente la movilidad?

Cuando hablamos de movilidad, muchas veces pensamos inmediatamente en estirar.

Pero movilidad y flexibilidad no son exactamente lo mismo.

La flexibilidad se relaciona principalmente con la capacidad de los tejidos y las articulaciones para permitir cierto rango de movimiento.

La movilidad va un poco más allá.

Implica poder mover una articulación o una parte del cuerpo dentro de un rango determinado y tener control sobre ese movimiento.

Por eso puedes ser flexible y, al mismo tiempo, no sentirte especialmente cómodo o estable al moverte.

La movilidad tiene que ver con la relación entre movimiento, control y capacidad.

Y eso la convierte en una parte importante de nuestra salud física.


Después de los 40, la movilidad adquiere otro significado

No porque al cumplir 40 años el cuerpo cambie mágicamente.

No existe una frontera exacta a partir de la cual comencemos a perder movilidad.

Cada cuerpo envejece de una manera diferente.

Lo que sí puede cambiar con los años es nuestra exposición al movimiento.

Pasamos más tiempo sentados.

Nos desplazamos menos.

Repetimos determinadas posturas durante muchas horas.

Dejamos de realizar movimientos que antes formaban parte natural de nuestra vida.

Y poco a poco nuestro repertorio de movimiento puede hacerse más pequeño.

No necesariamente porque nuestro cuerpo haya olvidado moverse.

Simplemente dejamos de pedirle algunas cosas.


El cuerpo se adapta a lo que hacemos

Nuestro cuerpo está constantemente adaptándose.

A los estímulos que recibe.

A los movimientos que repetimos.

Y también a aquellos que dejamos de realizar.

Si durante años pasamos gran parte del día sentados, es posible que determinadas posiciones y movimientos comiencen a sentirse menos naturales.

Si caminamos poco, nuestra capacidad para caminar durante períodos prolongados puede disminuir.

Y si casi nunca rotamos el tronco, quizá esa rotación deje de sentirse tan cómoda.

No significa que nuestro cuerpo esté “fallando”.

Significa que está respondiendo al contexto en el que vive.

Por eso, recuperar movilidad también puede significar volver a explorar el movimiento.


La movilidad es libertad

Esta es quizá la idea más importante de este artículo.

La movilidad no debería ser un objetivo aislado.

No necesitamos conseguir una postura espectacular.

Ni alcanzar un rango determinado para demostrar que estamos en forma.

La movilidad tiene valor porque nos permite interactuar con nuestro entorno.

Mover los brazos para alcanzar algo.

Girar el cuerpo.

Cambiar de posición.

Caminar.

Agacharnos.

Subir.

Bajar.

Jugar.

Viajar.

Bailar.

Hacer ejercicio.

Vivir.

Un cuerpo que puede moverse tiene más opciones.

Y conservar esas opciones es una parte importante de la longevidad activa.

¿Por qué sentimos el cuerpo más rígido con el paso del tiempo?

La sensación de rigidez puede tener muchas causas.

El envejecimiento es solamente una parte de la historia.

También influyen nuestros hábitos de movimiento, el tiempo que permanecemos sedentarios, las actividades que realizamos y la manera en que utilizamos nuestro cuerpo.

Por eso no conviene asumir automáticamente:

“Me siento rígido porque estoy envejeciendo.”

Quizá exista otra pregunta más útil:

“¿Cuánto movimiento está recibiendo mi cuerpo actualmente?”

A veces la respuesta puede ayudarnos a encontrar una oportunidad.

No necesariamente para entrenar más.

Sino para movernos de diferentes maneras.


Moverse más no significa hacer una rutina más larga

Esta idea conecta directamente con algo que hemos hablado en artículos anteriores.

La actividad física no tiene que suceder exclusivamente dentro de una sesión formal de ejercicio.

Caminar, desplazarse, subir escaleras y otras actividades cotidianas también forman parte del movimiento. La OMS reconoce precisamente que la actividad física puede integrarse en el transporte, el trabajo, el hogar, el ocio y el ejercicio planificado.

Esto cambia nuestra perspectiva.

Una pausa para levantarte después de estar mucho tiempo sentado.

Unos minutos para movilizar el cuerpo.

Caminar en lugar de permanecer sentado.

Mover los hombros.

Rotar suavemente la columna.

Explorar el movimiento de las caderas.

Todo puede convertirse en una oportunidad para volver a utilizar nuestro cuerpo.

El movimiento no siempre necesita convertirse en entrenamiento.


Movilidad y fuerza: dos capacidades que se necesitan

Aquí encontramos una conexión natural con la entrada anterior de este clúster.

La fuerza y la movilidad no deberían entenderse como capacidades opuestas.

Se complementan.

Necesitamos movilidad para movernos.

Pero también necesitamos fuerza para controlar y sostener esos movimientos.

Imagina que puedes llevar el brazo muy lejos, pero no tienes suficiente fuerza para controlar esa posición.

O que tienes mucha fuerza, pero tu cuerpo tiene dificultades para moverse con libertad.

En ambos casos falta algo.

La movilidad nos da espacio para movernos. La fuerza nos ayuda a controlar ese espacio.

Por eso, cuando pensamos en longevidad activa, tiene sentido trabajar ambas capacidades.


La movilidad también necesita control

A veces pensamos que mejorar nuestra movilidad significa simplemente llegar cada vez más lejos.

Pero no siempre.

Un rango de movimiento puede ser útil cuando tenemos la capacidad de controlarlo.

Por eso, una práctica de movilidad no debería convertirse en una competencia contra nuestro propio cuerpo.

No necesitas forzar.

No necesitas sentir que cada estiramiento debe llegar un poco más lejos.

Tampoco necesitas perseguir una sensación intensa.

La pregunta puede ser mucho más sencilla:

¿Puedo moverme aquí con comodidad, control y atención?

Esa pregunta cambia completamente la experiencia.


Escuchar al cuerpo también es parte de la movilidad

Esta idea forma parte de la esencia de SER Movimiento.

Cuando trabajamos movilidad, necesitamos prestar atención.

¿Qué se siente rígido?

¿Qué movimiento resulta cómodo?

¿Dónde aparece resistencia?

¿Existe alguna diferencia entre un lado y otro?

¿Necesitamos más movimiento o quizá necesitamos descansar?

Escuchar no significa evitar cualquier sensación de esfuerzo.

Significa aprender a reconocer lo que sucede mientras nos movemos.

El cuerpo también nos habla a través de sus movimientos.

Y aprender a escucharlo puede ayudarnos a movernos de una manera más consciente.


No necesitas ser flexible para empezar

Esta es una preocupación bastante común.

“No tengo flexibilidad.”

“Soy muy rígido.”

“No puedo tocar mis pies.”

“No hago yoga porque no soy flexible.”

Pero la movilidad no es un examen que podamos aprobar o reprobar.

No necesitas llegar a determinado rango para empezar.

Tampoco necesitas compararte con otra persona.

Tu punto de partida es simplemente el cuerpo que tienes hoy.

Desde ahí puedes comenzar a explorar.

Poco a poco.

Sin prisa.

Con atención.

Y permitiendo que el movimiento evolucione contigo.


¿Cuánto movimiento necesitas para cuidar tu movilidad?

No existe una cantidad universal de minutos que garantice una movilidad perfecta.

Y quizá sea mejor no buscar una cifra mágica.

Las recomendaciones generales de actividad física de la OMS establecen que los adultos deberían acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. En adultos mayores se añade especial atención al equilibrio y a actividades multicomponente orientadas a la capacidad funcional.

Pero hay otra idea que resulta especialmente interesante:

Si actualmente te mueves poco, empezar con pequeñas cantidades también cuenta.

No necesitas pasar de cero a cien.

Puedes empezar con unos minutos.

Después aumentar.

Y encontrar una forma de movimiento que puedas mantener.

La constancia tiene mucho más valor que una rutina perfecta que abandonas después de unas semanas.


Una pausa de movilidad puede cambiar tu día

Piensa en tu jornada habitual.

¿Cuánto tiempo permaneces sentado?

¿Cuántas horas pasas frente a una pantalla?

¿Cuánto tiempo transcurre entre un movimiento y otro?

Ahora imagina introducir pequeñas pausas.

No como una obligación más.

Simplemente como una oportunidad para cambiar de posición.

Respirar.

Mover las articulaciones.

Caminar.

Despertar el cuerpo.

Quizá cinco minutos sean suficientes para recordarle a tu cuerpo algo importante:

“Todavía estamos aquí. Todavía podemos movernos.”


Después de los 40, conservar movilidad es conservar posibilidades

La longevidad activa no consiste únicamente en mantenernos saludables durante más años.

También tiene que ver con poder seguir haciendo aquello que nos importa.

Viajar.

Caminar.

Practicar un deporte.

Jugar.

Bailar.

Subir una montaña.

Moverte por tu casa.

Levantarte del suelo.

Agacharte para recoger algo.

Girar para mirar hacia atrás.

Algunas de estas acciones parecen pequeñas.

Pero juntas construyen algo enorme:

autonomía.

Y la autonomía necesita un cuerpo que pueda responder.


La movilidad no busca detener el tiempo

Nuestro cuerpo va a cambiar.

Es parte natural de la vida.

No necesitamos luchar contra esos cambios.

Podemos acompañarlos.

Adaptarnos.

Fortalecer.

Mover.

Explorar.

Descansar.

Y seguir aprendiendo sobre nuestro propio cuerpo.

Quizá el objetivo no sea conservar exactamente la movilidad que teníamos a los 20.

Quizá el verdadero objetivo sea conservar suficiente capacidad para seguir viviendo como queremos.


En SER Movimiento creemos en una movilidad que se siente

Nuestra filosofía parte de una idea sencilla:

el movimiento comienza con la escucha.

Por eso no entendemos la movilidad como una serie de movimientos que tenemos que completar correctamente.

La entendemos como una oportunidad para volver a sentir el cuerpo.

Para descubrir dónde existe libertad.

Dónde aparece resistencia.

Qué necesita atención.

Y qué podemos desarrollar.

Nuestra Plataforma On Demand integra diferentes formas de movimiento para acompañar ese proceso: movilidad, Pilates, fuerza funcional, movimiento consciente y activaciones físicas cortas.

No tienes que hacer siempre lo mismo.

Tu cuerpo cambia. Tus necesidades también. Y tu forma de moverte puede evolucionar contigo.


Empieza por recuperar un movimiento

No necesitas comenzar con una rutina complicada.

Elige un movimiento que forme parte de tu vida.

Quizá sea girar el cuello.

Mover los hombros.

Explorar la movilidad de tus pies.

Rotar suavemente la columna.

Mover las caderas.

Caminar.

Después de hacerlo, pregúntate:

¿Cómo se siente mi cuerpo ahora?

No busques una respuesta perfecta.

Solo observa.

Porque cuando empezamos a prestar atención, el movimiento deja de ser algo que simplemente hacemos.

Se convierte en algo que experimentamos.


Una pausa para pensar

Piensa en algo que quieres seguir haciendo durante muchos años.

Tal vez viajar.

Caminar.

Bailar.

Jugar.

Hacer ejercicio.

O simplemente moverte por la vida con independencia.

Ahora pregúntate:

¿Qué necesita mi cuerpo para seguir haciéndolo?

Tal vez fuerza.

Tal vez movilidad.

O tal vez ambas.

Y quizá el primer paso sea mucho más pequeño de lo que imaginabas.

Moverte unos minutos.

Escuchar.

Volver a intentarlo mañana.


Conclusión

La movilidad no consiste en conseguir un cuerpo más flexible.
Consiste en conservar la posibilidad de moverte.

Explorar nuevos caminos.
Cambiar de posición.
Responder ante lo que sucede.
Adaptarte a las circunstancias.
Seguir haciendo aquello que disfrutas.

Después de los 40, cuidar nuestra movilidad puede convertirse en una forma de pensar en el futuro.

No desde el miedo a envejecer, sino desde el deseo de seguir viviendo plenamente.

Porque la libertad también se construye con movimiento.

Y mientras podamos movernos, seguimos teniendo posibilidades.

SER Movimiento

La invitación no es hacer más.
Es aprender a escuchar mejor.

Escucha tu cuerpo.

Muévete desde donde estás.

Y permite que tu movimiento evolucione contigo.


Nos seguimos moviendo…
Juntas, juntos, con presencia.

Tzitzi y Sául


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